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viernes, 16 de octubre de 2009

Quiero ser la niña.


Durante años recibí indirectamente la información de que ser mujer era estar jodido; las mujeres sufren, lloran, no saben lo que quieren, es más divertido ser hombre, ellos se pueden divertir, las mujeres son unas perras entre mujeres, y así; obvio, durante años preferí comportarme como hombre, tener amigos hombres y estaba convencida de que si hubiera sido uno de ellos, hubiera sido más feliz.
Por alguna razón, que tal vez se llame sabiduría de vida, me fue cambiando esa percepción. Una de las experiencias que más me ayudó a que éste cambio se diera, fue la vez que me operaron y necesité estar un mes en cama, durante ese mes descubrí lo que es la solidaridad femenina. Mi casa se llenó de mujeres, me cocinaban, me llevaban comida, nunca faltaron los consuelos, las risas, los cuidado. ¿Mis amigos? supongo que los asustó el motivo de la operación "cuestiones femeninas" y pues muchos hablaron, pero solo uno estuvo presente, los entiendo, no los culpo, ni es queja contra ellos que de verdad se me hacen adorables, pero simplemente las mujeres sacaron la casta y todas, amigas y no tan amigas, ahí estuvieron dispuestas a ayudar en todo. A partir de ahí me congracié con el sexo femenino y ahora digo: Que lindo es ser mujer.
Que lindo juntarnos únicamente ha hablar de nosotras, decorarnos con alajitas, con barnices de colores, cada parte del cuerpo es un pretexto para colgarse algo, usar cosas que huelen rico, comprender el mundo desde otro punto de vista, sí, quizá más complicado, pero válido, entretenido, encantador; que lindo es poder preguntar, temer, llorar, que lujo el que nos podemos dar.
Quiero ser la chica de la mesa, la que pide la bebida suave, la que habla, la que no teme preguntar, la que quiere comprar flores, la que cuando ve un bebé dice "Ay, no puede ser, me lo quiero comer", la que sabe bromear con su sexualidad, la que coquetea, la que gusta, la que manda y se deja mandar. Que lujo ésto de ser mujer.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Cuestión de conceptos

Parece que los conceptos definen nuestra vida, nuestro ánimo, nuestra salud y por supuesto nuestro estado mental. Llenamos de conceptos nuestras relaciones, conceptualizamos nuestros sentimientos, y dependiendo de nuestra educación, esos conceptos nos dan el triunfo o el fracaso en nuestras vidas.
Le ponemos nombre a lo que sentimos por una persona, y en base a esto, a ese concepto, canalizamos nuestro comportamiento hacia ella. Con una pareja puedes hacer ciertas cosas, con un amigo el código es distinto, con la familia otra serie de conceptos, conceptos que se resumen con palabras.
El problema viene cuando las palabras no son suficientes para definir una relación, un sentimiento, un comportamiento, entonces todo se convierte en conflicto, y a huevo queremos que entre en un concepto conocido, podemos llegar a cambiar nuestras acciones o nuestras relaciones, en con tal de que entren en una definición, en un concepto.
Me sorprende pensar que toda la amplitud de nuestras almas, de nuestros pensamientos y sentimientos, se pude llegar a castrar si no conocemos las palabras que los pueden definir y así poder entenderlos, y entonces creer que los "manejamos" que los "controlamos". Al final, ¿Somos hijos de las palabra y dependemos de nuestro idioma?, ¿Somos el resultado de nuestra propia historia que es la que define nuestro lenguaje por lo tanto, nuestros conceptos?

sábado, 3 de octubre de 2009


Hoy conocí a mi sobrina, eso es lo único que importa. Mi hermana durante su embarazo, en vez de leer libros acerca del tema, decidió leer libro de psicología, pensando en que a que se iba a dedicar cuando la niña naciera, ahora descubrió que a lo único que se puede dedicar es a lo único importante en la vida: comer, cagar, dormir, AMAR. Lo demás es pura fantasía.