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jueves, 26 de agosto de 2010

Oda a mi gran Desidia

Larga lista de pendientes todos los días, y nos únicos que se tachan, son los de trabajo, los que le resuelven la vida a los demás, los míos, siempre pueden esperar. A veces me encuentro cuadernos viejos y me doy cuenta de que existen pendientes que en un año no he podido solucionar, sacar el Ife, cerrar una cuenta de banco, que además me está costando, hacer un trámite de cambio de domicilio, ya no digamos los pendientes de la casa, los que veo todos los días y sólo los recuerdo unos segundos, los suficiente como para salir, cerrar la puerta y olvidar todo hasta la noche que regreso y vuelven a presentarse ante mi, cambiar las lámparas, buscar la tela del sillón, llamar para que arreglen la puerta, arreglar la regadera que hace un año que no puedo usar, y así puedo enumerar miles y miles. Días, semanas, meses y a veces años y no puedo terminar de tachar mis pendientes, y sí, además la vida no ayuda, uno tacha 2 pendientes y apareces 5 nuevos.
Eso sólo en el ámbito, digamos... material, la casa, los tramites pero de ahí podemos pasar al ámbito más personal, o sea, la salud: El dentista... un día le dije - perame este mes que bajo la chamba y no te puedo pagar- eso, fue en cuando la influencia del año pasado, ese mes se convirtió en un año, fui porque ya no aguantaba el dolor, saqué cita para la siguiente semana y no he vuelto más; y eso solo es una pequeña parte de mi cuerpecito, continúo y además de parecer hipocondríaca, quedaré como una loca abandonada. A ésto súmale lo que uno quiere hacer día a día, lo que ya ni pones en listas, el clásico... ir al gimnasio, ahora si, mañana temprano voy, llega la mañana y entonces es mejor ir en la tarde, uno merece un mañana tranquila, pasa el día y la tarde se llena de cosas, en el mejor de los casos, porque a veces no se llena de nada y de todas maneras no voy, el cansancio, ya sabes; llegar a casa y prender la tele es el único camino. Y así podría enumerar un laaaarga lista de tareas, cosas que digo que quiero hacer, gente a quien quiero ver, regalos que comprar, arreglos hogareños, mejoras de vida, llamadas, escritos, saludos, platicas, sueños, viajes, etc, etc, etc, que se quedan en un papel, que se olvidan, que no hacerlos provocan enojo, pero que yo y me gran Desidia seguimos manteniendo en nuestro ropero común.

The End

Extraña la sensación la de terminar un libro, sí es un libro grueso, y sí uno no es muy rápido para leer, como es mi caso, vives algunas semanas, si no es que un par de meses, acompañada de esos personajes, los piensas en el día, te identificas con ellos, los entiendes, y, casi casi duermes con ellos, durante toda la historia, mientras recorres páginas y páginas se van descubriendo motivos, tramas, paisajes, futuros, pasados, y de repente, das la vuelta a la ultima página, lees un párrafo, y zaz, punto final, y lo que sigue es un vacío, una página en blanco, ya no hay párrafos, ya no hay más que saber, entonces se siente un nostalgia de los personajes que se quedaron atrás, y por otro lado, la oportunidad de empezar a leer nuevas historia, otros autores, otros países. Que rico poder disfrutar el maravilloso mundo de los libros, grandes compañeros en las noches de insomnio.i

lunes, 9 de agosto de 2010

facebookeando


Siempre que entro al facebook me da la impresión de que todo el mundo es más feliz que yo, que todos tienen la vida más interesante del mundo, los mejores amigos, las familias más grandes y amorosas. Claro todo es una interpretación, me imagino que nadie va a publicar una foto de llanto profundo por la última pelea con el novio, de la tarde PMS que pasaste el último mes, el aburrimiento de la comida familiar del domigo o la crítica familiar al salir de ésta. Supongo que todos somos las dos cosas, los más felices y los más amargados, solamente es una cuestión de edición; así que ahora que la vida es tan pública, que uno se la pasa diciendo, expresando, publicando, twitereando, facebookeando, blogeando, supongo que ahora uno también edita más los estado de ánimo, lo que queremos que se sepa, ocultando nuestras bellas sombras, o sacándolas a la luz con un cinismo majestuoso. Yo la verdad soy de una generación donde publicar era una palabra con un significado, con peso, son responsabilidad, una palabra donde atrás había un esfuerzo, alguien te publicaba, tenías que ser reconocido; ahora se publica a cada instante, todos lo hacemos en cualquier lugar, con cualquier idea, y no, no es critica, al contrario, me parece maravilloso, pero eso no quiere decir que no me inhiba, que a mi me siga pareciendo una gran palabra, que me asuste y que lo piense tanto que termino por no publicar ni una foto, ni un pensamiento, ja, si, definitivamente soy del siglo pasado, que se le va a hacer.